PRESENTACIÓN DEL BLOG

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PRESENTACIÓN DEL BLOG POR PARTE DEL PÁRROCO.

Antonio Bellido Almeida, Párroco.

"Se hace camino al andar"

Antonio Machado.

Comenzamos en el nombre del Señor este Blog que pretende ser la voz de la Iglesia, la voz eulaliense, la historia viva y vívida y el proyecto es vida de vuestra Comunidad Parroquial de Santa Eulalia de Mérida, en Mérida.

"Se hace camino al andar", decía Machado. Habrá que corregirle. Ahora se hace estela al volar. Los potentes medios de comunicación , especialmente "Internet", con el que alucino, sobrevuelan el planeta y al instante. Queremos, pues, sumarnos al progreso y llamar a todas las puertas con nuestras alforjas de palabras, proyectos, ilusiones, historias. Y a compartir y a servir.

"Id por todo el mundo y predicad el Evangelio"(Mt. 28, 19), decía Jesús a la naciente Iglesia. Hoy, nos invita y nos anima desde las fabulosas posibilidades que la técnica pone en nuestras manos. Aquí encontraréis un rincón amigo, una mano tendida, una palabra gratis. Aquí estamos cargados de esperanza en este milenio que vivimos. Aquí encontrarás la piedra y la palabra que nos hablen de la "Bien-hablada", Eulalia.

Aquí tienes la Basílica de Santa Eulalia, alma y almario de una mártir singular, aquí tienes la historia más antigua jamás contada del Cristianismo peninsular. Aquí nos tienes oteando futuros y con los brazos extendidos.

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Santa Eulalia Celestial Patrona de la Juventud de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz

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Parroquia Santa Eulalia de Mérida

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LA PARROQUIA SANTA EULALIA DE MÉRIDA
DECLARADA BASÍLICA MENOR
POR SU SANTIDAD EL PAPA FRANCISCO
DURANTE EL PONTIFICADO DE DON SANTIAGO GARCÍA ARACIL 
Y PREFECTO DE LA CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS DON ANTONIO CAÑIZARES LLOVERÁ.

domingo, 12 de enero de 2014

SANTA EULALIA DE MÉRIDA: MÁRTIRES AYER Y MÁRTIRES HOY, SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS MUY SIGNIFICATIVAS.

Cuando comencé mis investigaciones sobre la figura de Santa Eulalia consideraban algunos que la sobredimensionaba; yo entonces sólo documentaba sus preeminencias según los primeros cristianos e intentaba explicarlas sobre los textos bíblicos y, especialmente, los del Nuevo Testamento.

Al avanzar en mis investigaciones pude formar, basándome en historiadores y liturgistas, un sólido cuadro del mártir en la Antigüedad al tiempo que comprobaba que la idea del mártir había sufrido un gran menoscabo a lo largo de los tiempos, tal como había sucedido con el valor de sus reliquias.

Y esta era la razón de mis presuntas “sobrevaloraciones”.

Fue el mártir la primera y única manifestación de la Santidad, junto con el confesor o mártir no muerto en los tormentos; si bien eran las autoridades locales las que  proclamaban el reconocimiento éste se basaba en la directa autoridad del Nuevo Testamento: Evangelios y Apocalipsis.

Actualmente la condición de mártir ha pasado a ser un grado inferior al de la Canonización o Santidad de los “mártires” no sangrantes o de voluntad, blancos y verdes: obispos, príncipes, vírgenes consagradas, ascetas, sacerdotes, clérigos no ordenados, laicos, etc. y no se le requiere milagro alguno.

Los santos post-mártires o “mártires no sangrantes o de voluntad” constituyen una nueva forma de santidad creada por la Iglesia a partir de la Paz de Constantino para reconocer las virtudes heroicas de sus miembros más conspicuos.

Pero ahora veamos la hermosa y desconocida concepción de los mártires que tenían los primeros cristianos.

Comencemos espigando los escritos de Mario Rigetthi:

“El término “sanctus”, (de “sancire”, encerrar) en su noción primitiva denota un lugar cerrado, reservado, donde la divinidad se ha manifestado de alguna manera. En el campo religioso, el término “sanctus”, fue aplicado por derivación a aquellas personas, ya vivas, ya difuntas, tenidas en tal alta estima moral, que se creían “res sacra”(cosa sagrada), porque en ellas Dios se había manifestado de modo particular”.

Respectivamente eran estos santos cristianos los confesores y los mártires que se diferenciaban tan sólo en que los confesores tras las torturas conservaban la vida.

Y continúa Rigethi:
“Hasta la mitad del siglo IV solamente los mártires fueron considerados “sancti”(santos) y tuvieron los honores del culto. Eran los cristianos perfectos, los verdaderos imitadores de Cristo, porque eran partícipes efectivos de su pasión, quienes, lavando en la sangre toda mancha, habían merecido ser admitidos en seguida a la visión de Dios”.
Y añade: “y en el último día serán, como los Apóstoles, jueces al lado de Cristo, de sus hermanos”.[1]

Y LOS MÁRTIRES “SERÁN COMO LOS APÓSTOLES”… DICE RIGHETTI:Consideremos dicho extremo: Pascuale Testini dice que el término “mártir” en su primitiva significación de “testimonio” o “testigo” de Cristo unido al sacrificio de su vida le fue aplicado inicialmente a los Apóstoles.

Pero será el Libro del Apocalipsis quien aplique por vez primera a un simple cristiano y ya fuera del tiempo de Jesucristo el mismo apelativo: Antipas: “Sé fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida, 2, 10.
Sé en donde moras, en donde está la silla de Satán; y conservas mi nombre, y no negaste mi fe. Y en aquellos días Antipas mi fiel testigo, que fue muerto entre vosotros, donde Satanás mora. 2, 13”.

Pero, aún hay más según el Libro del Apocalipsis; Jesucristo les invita a los mártires a otra “última cena” como a los propios Apóstoles: “Si alguno oyere mi voz, y me abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo. 3, 20”, es decir también les invita a tomar el “cáliz de la salvación”; el “cáliz de la salvación” es el nombre habitual del martirio tal como vemos en el Evangelio, decía Orígenes.[2]

Tras la Resurrección; Jesucristo ya no se aparece a las gentes sino que confía su testimonio a sus apóstoles o testigos[3] de los que se vale tanto como intermediarios y voceros y les asegura que “cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Mateo, 10,19-20”.

Por ello el martirio está considerado como una Teofanía, es decir, una manifestación del propio Dios. Y de aquí el nombre de Eulalia: “la bien hablada” porque a su través habló el Espíritu.

También los mártires y, en concreto, Santa Eulalia,[4] recibieron la consideración de taumaturgos tal como los Apóstoles.[5]

Un eminente historiador del arte cristiano y de sus motivaciones teológicas, André Nicolaivich Grabar, expuso la misma idea según la cual el martirio “este acto místico [el del testimonio y/ o su consumación sangrienta] anulaba el tiempo que separaba a los santos con los de la edad evangélica y los asimilaba milagrosamente a los testigos oculares de la Encarnación y de la Resurrección”.[6] .

Daniel Rops resume estas antiguas creencia considerando            que el “martirio no fue así solamente un hecho político, consecuencia lógica de un conflicto entre una doctrina revolucionaria y un orden establecido. Fue un elemento fundamental de la Iglesia Primitiva, que se realizó en unas almas privilegiadas como un carisma, como la “Gracia de las Gracias”, y cuyos efectos sobrenaturales revirtieron sobre todas la comunidad de los hijos de Dios”.[7]

En la ciudad de Mérida a 12 de enero de 2014.





[1] RIGHETTI, Mario, Historia de la Liturgia, edición española de Cornelio Urtasuin Irisarri, Editorial Católica, Madrid 1955, p.921.
[2] HAMMAN, A.G., El martirio en la antigüedad cristiana. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1998, pp. 90 y 91. Mateo 20, 20: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo..21 El le dijo: «¿Qué quieres?» Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino.» 22 Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?» Dícenle: «Sí, podemos.» 23 Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre”.
[3] Juan, 20 y 21.
[4] véase CAMACHO MACÍAS, Aquilino, El libro de las vidas de los santos padres de Mérida, Mérida, 1988. V, XIV, p.120: “A su sepulcro llegan posesos y son curados”; ver Riesco Chueca, Pilar. Pasionario español. Universidad de Sevilla, Sevilla, 1995, p.69 en  Pasión de Santa Eulalia. También el “Libro de los obispos santos  emeritenses” le concede a Santa Eulalia acciones milagrosas: “Los cuerpos de estos susodichos santos descansan sepultados con los mayores honores en una misma cripta, no lejos del altar de la santa virgen Eulalia. Junto a cuyos venerados sepulcros Cristo confiere a diario la gracia de su copiosa piedad en tal abundancia, que sea cual fuere el mal que a uno le aqueje o la enfermedad que le deprima, siempre que allí de todo corazón suplica a la divina bondad, sintiendo que sus quebrantos desaparecen y que sus dolencias sobrenaturalmente le son repelidas, logra sano y contento, por el favor de Dios, la ansiada salud”.
También san Gregorio de Tours testimoniaba sus milagros LÓPEZ LÓPEZ, Teodoro Agustín. “La floración de los árboles emeritenses según San Gregorio de Tours”, EULALIA, Mérida, 2003, p. 31: “Ante su altar [...] hay tres árboles [...]. Estando a mediado del mes décimo [...] al amanecer, producen lindas flores a manera de palomas [...] Si los árboles producen este milagro con su acostumbrada espontaneidad, el pueblo deduce que el año va a estar libre de ahogos y lleno de frutos. Pero si las flores aparecen más tarde de lo acostumbrado, el pueblo comprende que esto va en su daño. Y así, hasta que broten, se hacen preces ante el sepulcro de la mártir y se postran tristes pidiendo que se le conceda merecer  el acostumbrado favor. Si la mártir se aplaca con las lágrimas del pueblo, brotan pronto en los árboles las perladas flores, que, despidiendo un olor de néctar, alegran con su llegada la tristeza del alma y la reconfortan con su suavidad. A continuación, recogidas cuidadosamente y entregadas al sacerdote en la basílica, se hace una procesión con gran gozo, pues hemos tenido noticias de que estas flores han sido muchas veces provechosas a los enfermos”.
[5] Mateo 10 1 “Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda enfermedad y toda dolenciaW.
[6] GRABAR, André. Martyrium, I, Architecture. Variorum reprints, London 1972, p. 29.
[7] ROPS, Daniel, obra citada, p. 191.

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